Cuentos para dormir: Capítulo 1

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Preámbulo

Antes de iniciar el cuento, he de explicar cómo mascó toda la historia. Era la hora de comer y había ese mismo día un arroz, estando en la mesa, mi hija me pregunta si a la hora de acostarse le contaba un cuento. Le contesté que si, y por curiosidad pregunté si debía tratar de algo en concreto. Me dice con esa cara de pilla que pone cuando se le ocurre algo … Mira el arroz y dice – Quiero que trate del “monstruo del arroz”.

En fin, que ahí tengo el tema ¿Para qué habría preguntado?

Comienzo pues con el relato corto

 

Win Chun y el Monstruo del Arroz

Todo se remonta a hace ya mucho tiempo en China, una pequeña aldea que vivía de cultivar arroz. El arroz que cosechaban lo guardaban para comer durante el duro invierno, los excedentes los vendían para así comprar otros objetos de necesidad. No era una aldea muy rica, pero vivían bien y no les faltaba de nada, y lo más importante, eran felices.

Este invierno estaba siendo más duro de lo normal en cuanto a nevadas, frío, viento y mucha lluvia. A la buena gente de esta aldea se les estaban terminando las provisiones, y salir a comprar más era imposible por el mal tiempo y los caminos difíciles que había para salir del valle. También, desgraciadamente, un rayo había dañado uno de los graneros y parte de sus reservas también se habían estropeado.

La situación era delicada y no solo por la falta de comida, sino que peligraba la cosecha de ese año, ya que con las intensas nevadas tardías no podían salir y trabajar en la tierra. Una noche, estaba tronando y cayendo relámpagos, mezclado con una intensa lluvia y vientos huracanados. En la casa de nuestro héroe, Win Chun, creen escuchar ruidos fuera.

tac, tac, tac ….

tac, tac, tac …

Win Chun dice – Hay alguien o algo fuera!!

A lo que sus padres responden – Por la ventana no se ve nada.

Era difícil ver nada debido al mal tiempo imperante. Pensaron que quizás se tratase de un Oso u otro animal merodeando la zona en busca de comida, y que sería otro problema en caso de que se dirigiese a los campos de arroz.

Win Chun, aún siendo tan joven, sale de la casa siguiendo los ruidos, que suenan nuevamente. Tac, tac, tac … Pero no ve nada, al tiempo que se alejaba de la casa iba gritando

-¿Quien anda ahí?

No obtuvo respuesta, por el contrario escuchó nuevamente los ruidos alejándose del campo de arroz hacia la montaña. Tac, tact, tac…

A pesar del miedo y el mal tiempo, este pequeño valiente decide adentrarse en el bosque y subir la montaña. Tras horas subiendo llega hasta lo que parece una cueva, una guarida. En la entrada ve restos de arroz, por lo que sus sospechas de que estaba en el sitio correcto eran grandes.

Se asoma a la entrada y descubre que hay luz dentro, sin adentrarse grita desde la entrada de la cueva -¡Hay alguien ahí?!!

Nadie responde, vuelve a intentarlo. -¡Hay alguien ahí?!

Entonces, desde dentro de la guarida se escucha una voz ronca y lúgubre – ¿Quién eres y que haces en mi casa?

Win Chun responde – Soy Win Chun, de la aldea al pie de la montaña!!!

-Pasa Win Chun, no te haré daño. Fuera hace muy mal tiempo.

A Win Chun le vienen a la cabeza las viejas historias que sus padres y viejos del lugar contaban sobre el monstruo del arroz, y cómo en inviernos duros y más largos de lo normal se llevaba el arroz y hacía destrozos en la aldea. Nuestro héroe tuvo miedo, aún así saco fuerzas y con un gran coraje entró en la cueva.

Tras caminar unos metros y girar en una esquina, se encuentra junto a un fuego a un ser, alto, fuerte, con un pelo marrón, grandes colmillos que sobresalían de su boca, pero al mismo tiempo tenía una mirada de bondad y que realmente no iba a hacerle daño tal y cómo había dicho.

Win Chun Pregunta -¿Eres el monstruo del arroz?

A lo que responde con una gran carcajada. El monstruo le contesta que lleva viviendo en esa montaña cientos de años que conoció y ayudó a las primeras personas que se instalaron al pie de la montaña y crearon la aldea en la que hoy viven Win Chu y los demás. Que le gustaba estar solo y que hacía mucho que no bajaba por el valle, pues sus amigos ya hacía mucho que habían muerto, y que dado su aspecto no quería asustar a nadie.

Que cuando hacía mal tiempo, como los aldeanos no podían atender el arroz, él lo cosechaba y lo guardaba para que no se pasase, y cuando volvía el buen tiempo lo devolvía. Seguramente alguien lo habría visto y pensó que era un monstruo del arroz y por eso contaban esas historias.

Echaron horas hablando y conociéndose. El monstruo del Arroz acompañó a Win Chun a casa. Win Chun se lo presentó a sus padres y demás aldeanos, y les dijo que no tuviesen miedo de él, y que gracias a él habían salvado la cosecha del arroz, y ese año no pasarían hambre.

Win Chun, siguió visitando al monstruo del arroz y se hicieron amigos. El monstruo bajaba de vez en cuando por la aldea a ayudar con la tareas, era un gran conversador y le gustaba hablar, en especial con Win Chun.

Ésta no fue la única historia de ambos protagonistas juntos, pero eso queda para los siguientes capítulos.

 

Espero que hayan disfrutado de la historia cómo lo hizo mi hija, tuve que seguirla en sucesivas noches pues le gustó bastante. La verdad no se quien disfrutó más del momento de contar el cuento.

 

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